1- IMAGINEMOS UNA JORNADA DE 1868 EN RIVERA
“Como todos
los días, amanece con el canto de los gallos, perros ladrándole a todo, y el mugido
de las vacas recién ordeñadas, (eran muchas «dentro del pueblo»). Quizás
pudiéramos ubicarnos en el camino o calle Real (hoy Sarandí) a unas cuatro cuadras
de la línea. Como había pocas casas, entre ellas se divisaba claramente la escuela.
Blancas
columnas de humo suben desde las casas indicando que ya está encendido el
«fogón» o cocina de leña en cada casa.
De lejos ya
se oyen los martillazos el herrero que golpe a golpe va dando forma a una
herradura, o quizás la llanta de algún carro.
Más allá en
el camino de Oneto (Ituzaingó) un carnicero, que a menudo es el mismo carneador,
ya tiene alguna res, oreándose antes de ser trozada. Los cueros que se secan más
allá, serán curados con sal y colocados en galpones hasta completar carga que
se llevará al sur, o al norte lo mismo da, según el precio.
El maestro
José Vicente, ya se levantó hace un buen rato y abrió la escuela. Los alumnos
más madrugadores ayudan a barrer y traer agua, oros juegan esperando a que
lleguen los que viven más lejos. Algunos vienen de Rivera Chico por lo que lo hacen
a caballo.
Los
comercios de la calle Arenal Grande (Treinta y Tres Orientales), ya abrieron y
el movimiento es intenso, allí siempre lo es.
Carros y
carretas estacionados o en movimiento así lo demuestran. Muchos vienen del lado
de Livramento y para allá vuelven llevando mercaderías que acá compran a mejor
precio.
A medida que
avanza el día el movimiento crece, en la cantera, allá arriba en el Cerro del
Marco, o en lo de Don Juan Aguilera el ladrillero, a una cuadra de la escuela
hacia el sur (Hoy Carámbula y Uruguay). Gente que baja con agua desde La Bica
en un constante trajinar, por más que casi todos tenían su aljibe o pozo de
balde. Hay algunas pocas casas de ladrillos en construcción en el centro.
Algunas de
las carretas que viene y van, llevan hasta tres yuntas de bueyes. Quizás con
destino a San Fructuoso, o a Salto, o simplemente haciendo las veces de
comercio ambulante por la campaña.
De repente,
y ya sobre el mediodía el acontecimiento del día, llega la diligencia envuelta
en una nube de polvo, recibida por el griterío de los niños y casi todos los
perros del pueblo. Con ella no solo llega alguien, también algo muy importante,
llegan noticias.
Ese y todos
los días terminan de igual manera. El cansancio de otro día de trabajo. Una
rueda de mate por la tardecita. Solo algunos se reunían junto a algún
mostrador. Los más se recogían temprano. No había otra luz que la luna y
raramente algún farol de aceite, y mañana había que madrugar.”
Nelson Ferreira
Moreira (2012) Rivera, síntesis histórica. Publicación digital de la Junta
Departamental. Págs. 37, 38.
2- ACONTECIMIENTO A FINES DEL SIGLO XIX
«Allá afuera», el mundo,
evolucionaba más rápido en ese final del siglo XIX que se sacudía con la
Revolución Industrial, acelerada con el rugido de máquinas
y motores, y alzando
enormes chimeneas que delataban
fábricas; en algunas trabajaban juntos, mas obreros que
la totalidad de los habitantes de la Rivera de entonces, donde la
vida casi aldeana transcurría lenta y monótona.
El gran acontecimiento riverense de
ese final de siglo fue la llegada del ferrocarril el 11 de
febrero de 1892. Este acontecimiento dividió nuestra
historia departamental. Hubo
realmente un antes y un después del
ferrocarril.
Los medios de transporte, siempre
han jugado un papel importante en el desarrollo de los
pueblos en general. Como importante fue la rueda en la
prehistoria, y el caballo u otras
bestias; también lo fueron los
grandes veleros, en uno de ellos se descubrió América, y luego los
vapores del renacimiento que permitieron viajes mas largos.
En nuestro Rivera primitivo, fueron
la carreta, la diligencia o simplemente el caballo los medios de
transporte y comunicación con el resto del país, hasta el
advenimiento del ferrocarril y posterior desarrollo de la
Revolución Industrial La comunicación se hizo mas rápida con el sur del país.
Ello significó crecimiento comercial y cultural. Fácil resulta imaginarse el
cambio de un viaje en diligencia, o una carga de mercaderías en carretas que
viajaban hasta un mes dependiendo de las lluvias, para unir Montevideo con
Rivera; con la velocidad de un tren, que demoraba un día.
Así como sucedió con el desarrollo
del país desde sus comienzos, cuando Montevideo como
capital era el verdadero centro, también sucedió en Rivera.
Apenas creado el departamento, el Pueblo Rivera como
capital marchó siempre en la vanguardia.
Nelson Ferreira Moreira (2012)
Rivera, síntesis histórica. Publicación digital de la Junta Departamental.
Págs. 44 a 46.
3- Comienzos del siglo XX.
“Relatos de un testigo presencial. Don Humberto Curi Zagia:
“Relatos de un testigo presencial. Don Humberto Curi Zagia:
Fue un vecino de principios de siglo que se radicó en Rivera junto con su
familia, falleciendo con más de 90 años dejando una descendencia laboriosa y
continuadora de su negocio de papelería y distribuidor de diarios de la
capital, ya que ese fue su trabajo desde niño.
De un reportaje que le
efectuara Julio Fernández Miranda publicado en CARNAVALES RIVERENSES, extraemos
algunos relatos de lo que sucedía en Rivera a principios de siglo, en verdad
tan curiosos como ilustrativos.
Decía Don Humberto que llegó
a Rivera saliendo de Montevideo en ferrocarril una tarde llegando a destino a
mitad de la siguiente tarde.
Sus primeros movimientos
fueron aprendiendo en la Universidad de la vida que se dicta en la calle,
vendiendo diarios de la capital tales como “La Razón”, “El Día”, “El Siglo” y
la “Tribuna Popular”.
Veía prender los primeros
faroles a querosene que a razón de uno por cuadra se instalaron en la calle
sarandí; apreció los enormes plátanos que jalonaban la misma calles imposibles
de abrazar por una sola persona y que además se entrelazaban formando una
bóveda impenetrable para el sol, razón
por la cual la humedad era permanente y en los días de lluvia Sarandí era
intransitable.
Hincha del decano Lavalleja,
en la cancha principal u oficial instalada en la Plaza Flores en cuyo palco
principal se ubicaban algunas pocas sillas y el perímetro estaba limitado por
un débil alambrado para evitar las irrupciones de la hinchada, pese a lo cual
la pelota era frecuentemente retenida o las violentas boleas la enviaban hasta
el ferrocarril o a lagunas, charcos o bañados que circundaban la cancha hasta
Presidente Viera. Este panorama de desarreglos se reproducía a lo largo de la
línea frente a Sant’ Ana donde montículos, arbustos, árboles frondosos, servían
de refugio o escondite de gente no muy confiable al punto de aparecer (bastante
frecuente) algún cadáver abandonado.
Sin embargo, por muchos años
los carnavales eran muy divertidos, con corsos espectaculares y alegres saraos
oportunidad en que los vecinos echaban la casa por la ventana por varios días,
sin interrupción. Como quien dice olvidar pesares y vivir intensamente, lo cual
indudablemente significa una buena salida. Por eso algunos dicen y hacen del año
entero, un carnaval permanente…” -Francisco R. Mareque (1995) Rivera en la
Historia Nacional. Impreso en Yatay, Rivera. Págs. 25, 26.
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