martes, 21 de octubre de 2014

Contextualizando a nuestra ciudad, Rivera, en el programa.

Textos para trabajar la evolución de Rivera:



1- IMAGINEMOS UNA JORNADA DE 1868 EN RIVERA

“Como todos los días, amanece con el canto de los gallos, perros ladrándole a todo, y el mugido de las vacas recién ordeñadas, (eran muchas «dentro del pueblo»). Quizás pudiéramos ubicarnos en el camino o calle Real (hoy Sarandí) a unas cuatro cuadras de la línea. Como había pocas casas, entre ellas se divisaba claramente la escuela.
Blancas columnas de humo suben desde las casas indicando que ya está encendido el «fogón» o cocina de leña en cada casa.
De lejos ya se oyen los martillazos el herrero que golpe a golpe va dando forma a una herradura, o quizás la llanta de algún carro.
Más allá en el camino de Oneto (Ituzaingó) un carnicero, que a menudo es el mismo carneador, ya tiene alguna res, oreándose antes de ser trozada. Los cueros que se secan más allá, serán curados con sal y colocados en galpones hasta completar carga que se llevará al sur, o al norte lo mismo da, según el precio.
El maestro José Vicente, ya se levantó hace un buen rato y abrió la escuela. Los alumnos más madrugadores ayudan a barrer y traer agua, oros juegan esperando a que lleguen los que viven más lejos. Algunos vienen de Rivera Chico por lo que lo hacen a caballo.
Los comercios de la calle Arenal Grande (Treinta y Tres Orientales), ya abrieron y el movimiento es intenso, allí siempre lo es.
Carros y carretas estacionados o en movimiento así lo demuestran. Muchos vienen del lado de Livramento y para allá vuelven llevando mercaderías que acá compran a mejor precio.
A medida que avanza el día el movimiento crece, en la cantera, allá arriba en el Cerro del Marco, o en lo de Don Juan Aguilera el ladrillero, a una cuadra de la escuela hacia el sur (Hoy Carámbula y Uruguay). Gente que baja con agua desde La Bica en un constante trajinar, por más que casi todos tenían su aljibe o pozo de balde. Hay algunas pocas casas de ladrillos en construcción en el centro.
Algunas de las carretas que viene y van, llevan hasta tres yuntas de bueyes. Quizás con destino a San Fructuoso, o a Salto, o simplemente haciendo las veces de comercio ambulante por la campaña.
De repente, y ya sobre el mediodía el acontecimiento del día, llega la diligencia envuelta en una nube de polvo, recibida por el griterío de los niños y casi todos los perros del pueblo. Con ella no solo llega alguien, también algo muy importante, llegan noticias.
Ese y todos los días terminan de igual manera. El cansancio de otro día de trabajo. Una rueda de mate por la tardecita. Solo algunos se reunían junto a algún mostrador. Los más se recogían temprano. No había otra luz que la luna y raramente algún farol de aceite, y mañana había que madrugar.”
Nelson Ferreira Moreira (2012) Rivera, síntesis histórica. Publicación digital de la Junta Departamental. Págs. 37, 38.



2- ACONTECIMIENTO A FINES DEL SIGLO XIX
«Allá afuera», el mundo, evolucionaba más rápido en ese final del siglo XIX que se sacudía con la Revolución Industrial, acelerada con el rugido de máquinas y motores, y alzando
enormes chimeneas que delataban fábricas; en algunas trabajaban juntos, mas obreros que  la totalidad de los habitantes de la Rivera de entonces, donde la vida casi aldeana transcurría lenta y monótona.
El gran acontecimiento riverense de ese final de siglo fue la llegada del ferrocarril el 11 de febrero de 1892. Este acontecimiento dividió nuestra historia departamental. Hubo
realmente un antes y un después del ferrocarril.
Los medios de transporte, siempre han jugado un papel importante en el desarrollo de los pueblos en general. Como importante fue la rueda en la prehistoria, y el caballo u otras
bestias; también lo fueron los grandes veleros, en uno de ellos se descubrió América, y luego los vapores del renacimiento que permitieron viajes mas largos.
En nuestro Rivera primitivo, fueron la carreta, la diligencia o simplemente el caballo los medios de transporte y comunicación con el resto del país, hasta el advenimiento del ferrocarril y posterior desarrollo de la Revolución Industrial La comunicación se hizo mas rápida con el sur del país. Ello significó crecimiento comercial y cultural. Fácil resulta imaginarse el cambio de un viaje en diligencia, o una carga de mercaderías en carretas que viajaban hasta un mes dependiendo de las lluvias, para unir Montevideo con Rivera; con la velocidad de un tren, que demoraba un día.
Así como sucedió con el desarrollo del país desde sus comienzos, cuando Montevideo como capital era el verdadero centro, también sucedió en Rivera. Apenas creado el departamento, el Pueblo Rivera como capital marchó siempre en la vanguardia.
Nelson Ferreira Moreira (2012) Rivera, síntesis histórica. Publicación digital de la Junta Departamental. Págs. 44 a 46.

3- Comienzos del siglo XX.
“Relatos de un testigo presencial. Don Humberto Curi Zagia:
 Fue un vecino de principios de siglo que se radicó en Rivera junto con su familia, falleciendo con más de 90 años dejando una descendencia laboriosa y continuadora de su negocio de papelería y distribuidor de diarios de la capital, ya que ese fue su trabajo desde niño.
De un reportaje que le efectuara Julio Fernández Miranda publicado en CARNAVALES RIVERENSES, extraemos algunos relatos de lo que sucedía en Rivera a principios de siglo, en verdad tan curiosos como ilustrativos.
Decía Don Humberto que llegó a Rivera saliendo de Montevideo en ferrocarril una tarde llegando a destino a mitad de la siguiente tarde.
Sus primeros movimientos fueron aprendiendo en la Universidad de la vida que se dicta en la calle, vendiendo diarios de la capital tales como “La Razón”, “El Día”, “El Siglo” y la “Tribuna Popular”.
Veía prender los primeros faroles a querosene que a razón de uno por cuadra se instalaron en la calle sarandí; apreció los enormes plátanos que jalonaban la misma calles imposibles de abrazar por una sola persona y que además se entrelazaban formando una bóveda  impenetrable para el sol, razón por la cual la humedad era permanente y en los días de lluvia Sarandí era intransitable.
Hincha del decano Lavalleja, en la cancha principal u oficial instalada en la Plaza Flores en cuyo palco principal se ubicaban algunas pocas sillas y el perímetro estaba limitado por un débil alambrado para evitar las irrupciones de la hinchada, pese a lo cual la pelota era frecuentemente retenida o las violentas boleas la enviaban hasta el ferrocarril o a lagunas, charcos o bañados que circundaban la cancha hasta Presidente Viera. Este panorama de desarreglos se reproducía a lo largo de la línea frente a Sant’ Ana donde montículos, arbustos, árboles frondosos, servían de refugio o escondite de gente no muy confiable al punto de aparecer (bastante frecuente) algún cadáver abandonado.
Sin embargo, por muchos años los carnavales eran muy divertidos, con corsos espectaculares y alegres saraos oportunidad en que los vecinos echaban la casa por la ventana por varios días, sin interrupción. Como quien dice olvidar pesares y vivir intensamente, lo cual indudablemente significa una buena salida. Por eso algunos dicen y hacen del año entero, un carnaval permanente…” -Francisco R. Mareque (1995) Rivera en la Historia Nacional. Impreso en Yatay, Rivera. Págs. 25, 26.
 

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